ANDERSON ARBOLEDA ES NUESTRO FLOYD

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Por: Alí Bantú Ashanti

No basta. No basta con abrir una investigación  preliminar, no basta con lavarse las manos arguyendo que desconocían el asesinato, no basta con decir que son hechos aislados,  “manzanas podridas” que a diario agreden a la gente de todo el país, bajo el poder de sus uniformes. No basta con comunicados escuetos y carentes de empatía, surgidos por la necesidad de contrarrestar la opinión pública en las redes sociales. Como pueblo negro, los atropellos policiales son nuestro vínculo más frecuente con las instituciones de este país. 

La prueba de ello, no solo es el cruel caso de Anderson Arboleda quien fue asesinado a bolillazos en Puerto Tejada, Cauca, o el disparo que en la cabeza recibió Wilber Albarado Gonzalez a la vista de todos y por la espalda, mientras sostenía sus brazos contra la pared, disponiéndose a una requisa en Bogotá, tampoco lo son los tiroteos y hostigamientos indiscriminados en los barrios de invasión en la capital. Todos los hechos anteriores fueron cometidos por la policía Nacional de Colombia y no basta un simple comunicado de prensa, porque las vidas de la gente negra valen más que sus palabras vacías. 

Nada, en absoluto bastará, mientras no se emita una condena ejemplarizante que enseñe a los demás policías violentos que la ley también los cobija. Nada bastará, hasta que los mismo jueces, no comprendan que esta clase de delitos son incentivados por el crimen del odio racial incubado en lo más profundo de nuestra sociedad, pero invisivilizado y naturalizado, con el supuesto de la igualdad que flota en un país tan desigual como Colombia.

El miedo y el horror no permiten que la sociedad colombiana reaccione frente a la barbarie. No es que seamos una sociedad indiferente frente a la injusticia,  la razón es que estamos horrorizados. Pero también somos una sociedad hipócrita, veneradora de lo extranjero y que repudia lo propio… lo indígena… lo negro… lo gitano.

Muestra de ello es que si George Floyd, no fuera un ciudadano norteamericano, pasaría a ser “un negro más” asesinado por la policía, y si esto no es así ¿por qué tan pocos colombianos compartieron el asesinato a bolillazos de Anderson Arboleda a manos de un policía? ¿Por qué no se indignan cada vez que asesinan a un líder social? ¿por qué no notan que la mayoría de esos lideres sociales son indígenas y negros?… Hasta la violencia  es desigual y racista. 

Es apabullante ver en redes sociales la empatía de los colombianos “#YoSoyCharlieHebdo” decían, “Cubrimiento especial al incendio de Notre Dame” publicaban los noticieros nacionales. Naturalizamos tanto nuestras desgracias, que la noticia es que masacren a los “otros” en París, mientras en Tumaco aparen varios cuerpos envueltos en cinta a la vista de todos, sin el asombro de nadie; sorprendente es que se incendie un castillo que es patrimonio de la humanidad mientras en el amazonas se arrasan hectáreas a diario, bajo el silencio de todos, con el asombro de nadie.

El caso de Anderson es una ocasión para sentar un precedente en contra de los atropellos policiales que se viven a diario en el país y en especial sobre la violencia policial que padece la gente negra, y que en buena parte de los casos, terminan archivados, durmiendo en los anaqueles de la impunidad. Me niego a creer que no habrá justicia para Anderson y su familia, como afros deseamos no ser defraudados por la justicia una vez más. Anderson es nuestro Floyd, el silencio de los colombianos, mata a muchos Anderson a diario. 

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